lunes, 4 de marzo de 2013


Del santo Evangelio según san Lucas: 4, 24-30.
 Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: "Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra".
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio de la montaña sobre la que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero Él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí. 




1 comentario:

  1. El rechazo que Jesús experimenta en su patria sera el mismo en Israel. Lucas anticipa la futura extensión del programa mesiánico de Jesús a todas las naciones paganas: “Les aseguro que ningún profeta es aceptado en su patria”. Los dos ejemplos comparativos, el de la viuda de Sarepta (1 Re 17,7-16) y el de Naamán el Sirio (2 Re 5,1-14), dejan entrever que el alcance de la misión de Jesús no se circunscribe sólo a Israel. El fanatismo religioso de sus compatriotas no se contenta con recriminarle su falta de compromiso político: “Al oírlo, todos en la sinagoga se indignaron y lo llevaron a un barranco del monte con intención de despeñarlo”. De hecho, al final de su vida lo sacarán fuera de la ciudad de Jerusalén y lo ejecutarán como si fuera un zelota más, crucificándole en medio de dos malhechores. La inscripción INRI es una acusación de que el Maestro se había autoproclamado “rey de los judíos”. Su misma gente se la ingeniará y lo harán callar. Le aplicarán el rigor del egoísmo y por fin le asesinarán. ¿Hasta qué punto y por qué motivos rechazamos nosotros al Jesús inquietante?

    ResponderEliminar